domingo, 15 de noviembre de 2015

¿EL HUEVO O LA GALLINA?



Evidentemente soy católico ya que estoy bautizado y, recuerdo, que hasta hice la Primera Comunión, amén de que considero que apostatar (aparte de las dificultades que dicen pone la Iglesia para hacerlo) supondría conceder al clero que obedece a Paco el Campechano una importancia que no me merece, ya que para mí la religión me es indiferente.

Aunque supuestamente católico, me considero agnóstico (que no ateo) y   he llegado a esa conclusión a partir de una reflexión personal realizando un ejercicio de abstracción del adoctrinamiento y los prejuicios católicos que recibí de niño como la inmensa mayoría de los habitantes de este país, aun no perteneciendo a una familia  practicante. Como es de mi agrado repetirme en exceso aquí dejo uno de los enlaces de lo escribí al respecto:

http://opinionpropiadefermin.blogspot.com.es/2014/06/y-el-hombre-creo-dios-su-imagen-y.html

En realidad no me considero ateo porque este término lleva en su propia etimología la aceptación del concepto de Dios, aunque sólo sea para negar su existencia. Con ello lo único que pretendo decir es que desde mi consideración individualista del ser humano (individualismo que no significa falta de conciencia social, al menos en mi caso) no entiendo por qué tengo que aceptar que un ente por Omnitodo que sea tenga que decidir sobre mí, ni juzgarme. O tampoco que nadie, por infalible que se le suponga, tenga que dictarme el sentido ético por el que he de regir mi caduca existencia. Evidentemente el individualismo no está de moda en nuestra sociedad que prefiere el gregarismo, lo que hace que la mayoría de las personas prefieren identificarse con algún grupo. Esto se puede considerar como un paradójico complejo de superioridad e inferioridad al unísono como estudió en su momento un colaborador de Sigmund Freud, Alfred Adler. Inferioridad porque muchos necesitan identificarse con algún grupo supuestamente superior al resto para mejorar su autoestima, y la  superioridad que desde su pertenencia a este grupo le hace sentirse por encima de los demás. Algo escribí también en su momento criticando en aquella ocasión los nacionalismos:


El ser humano al ser racional se plantea preguntas sobre su origen, el sentido de su existencia o que nos espera cuando finalice ésta. Las respuestas se pueden dar desde un punto de vista filosófico-científico o religioso. La filosofía,  madre  de la ciencia, no ofrece respuestas sino que más bien consigue todo lo contrario, incrementar las dudas del ser humano. La religión (y pudiera ser que alguna de ellas hasta estuviera en lo cierto) ofrece respuestas sencillas a esas preguntas y, en mi humilde opinión, es la causa de que tenga tan gran aceptación entre unos humanos necesitados de certezas  que le ayuden a superar sus miedos atávicos. En definitiva es el eterno debate entre fe y razón, dónde me decanto por la segunda en el sentido de que prefiero escuchar opiniones diversas para formarme la mía propia, pero no acepto que nadie me diga que es lo que tengo que pensar o creer con el argumento de que las cosas son como son. Prefiero pensar por mí mismo.

Que el ser humano es un ser religioso es algo que corresponde a su  naturaleza, aunque también es cierto que cuanto más se han impuesto las religiones (entre las que podríamos incluir al ateísmo) que han manifestado tener certezas absolutas peor le han ido a los diferentes pueblos que las han sufrido. Ahí tenemos los antiguos regímenes comunistas, el pasado que luce nuestra perfecta civilización judeocristiana o las teocracias. Con ocasión del atentado de Charlie Hebdó escribí lo que sigue:

http://opinionpropiadefermin.blogspot.com.es/2015/01/el-totalitarismo-monoteista.html

En cambio, cuando la religión tiene menos importancia, las sociedades son más abiertas y tolerantes. En Europa, mal que le pese a un clero que nos advierte sobre los peligros de la secularización, las sociedades más avanzadas son aquellas con poblaciones más formadas en las que sus habitantes o no son creyentes o este hecho no es una gran preocupación en su vida.

Si ahora los occidentales gozamos de mayores libertades, entre ellas la libertad de expresión, es gracias a la liberación del individuo que empezó a producirse con el Renacimiento, siguió con la Ilustración, la Independencia de los EE.UU. y la Revolución Francesa  nos trajeron la democracia, y la lucha obrera del XIX  nos condujo a la obtención de los derechos sociales que ahora vemos peligrar. Si fuera por el clero católico estaríamos inmersos en la oscuridad de la Edad Media.

El Islam, por el contrario, que era más tolerante que el cristianismo en la Edad Media y, que gracias al Imperio Otomano hizo, con Solimán el Magnífico, temblar a Europa al llegar a cercar Viena, no evolucionó  ni vivió las transformaciones renovadoras de Europa que llevaron a la  separación entre  la religión y el poder político. Tras la caída del imperio Otomano después de la I Guerra Mundial, éste se repartió entre las potencias europeas que colonizaron buena parte del mismo con Inglaterra y Francia a La cabeza.

Ante la masacre del pasado viernes en Francia ya empiezan los de siempre (muy cristianos y católicos ellos por cierto) a hacer sonar los tam-tam de guerra sin considerar las nefastas consecuencias a la que nos llevaría.

Occidente debiera reconocer, al menos, que nuestra responsabilidad de que en el Islam surjan elementos extremistas no es menor, sino más bien todo lo contrario. Con el descubrimiento de América se produjo la gran expansión europea y la de su cultura y religión por el orbe. Los fieles perdidos en el Viejo Mundo los consiguieron en otros puntos del planeta de América, África, Oceanía y  Asia. Pero no es lo mismo expandir (o imponer) los valores de una cultura y religión a pueblos más primitivos que extender esos mismos valores a unos pueblos con una religión y cultura tan interiorizadas como sucede con los países musulmanes cuando los colonizaron.

Los abusos cometidos desde el pasado siglo por Occidente en estos países tienen sus consecuencias.  El error que se cometió en Palestina al dividirla entre judíos y palestinos fue mayúsculo en su momento. La posterior gestión, principalmente norteamericana, de aquel contencioso trajo como consecuencia la animadversión de los musulmanes hacia los occidentales.

http://opinionpropiadefermin.blogspot.com.es/2014/08/limpieza-etnica-en-tierra-santa.html

Yo lo único que digo es que si alguien me quita la tierra de la que vivo y me humilla para trabajarla para él en régimen de cuasi esclavitud no sería capaz de pegarle un tiro. Pero no por problemas de conciencia, sino por cobardía. Los  norteamericanos permiten la colonización judía de Cisjordania principalmente por el enorme poder judío en los medios de comunicación de aquel país. Ya Napoleón, y de eso hace algunos años, se dio cuenta de que los medios podían llegar a ser el más peligroso de los ejércitos y la conveniencia de controlarlos. El poder económico judío, con medios prestigiosos norteamericanos que consiguen que el votante estadounidense llegue a la conclusión de que mueren más judíos que palestinos en aquellas tierras es evidente. Goebbels  ya decía que “Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad”. Esa influencia llega al resto de países occidentales. En España tenemos como ejemplo el hecho de que nuestro gobierno ha concedido la nacionalidad española a los sefardíes que lo deseen y no ha hecho lo mismo con los moriscos que fueron expulsados más tarde en tiempos de Felipe III.

Cuando se lleva a otra civilización a tales extremos de humillación no es extraño que surja el Bin Laden de turno y monte lo que montó en EE.UU. La reacción norteamericana fue la invasión de Afganistán de donde ya se marchan aburridos abandonando a su suerte a una población a la que ofrecieron promesas de libertades, derechos y democracia.

Bush hijo, verdadero inútil en política internacional, con el apoyo de su aliado natural, Reino Unido, que se agarra a un clavo ardiendo para mantener parte de la influencia que tuvieron en un pasado reciente y el presidente más acomplejado que hemos tenido en nuestro país, Aznarín, descubrió lo malo que era Sadam Hussein (parece que en este planeta no existen tiranos aún peores, aunque quizá tuvieran mejores relaciones comerciales con su país) e invadió Irak con pruebas inexistentes dejando ese país convertido en unos zorros.

http://opinionpropiadefermin.blogspot.com.es/2014/11/el-recadero-de-bush.html

Parece que la conclusión con lo que acabé aquél día no iba muy descaminada. Y ahora para los que quieren arreglarlo todo por las bravas (pero eso sí, no creo que ninguno de ellos se vaya a enfrentar cuerpo a cuerpo  con un yihadista de colmillo retorcido, para eso están los pringaos que se hacen soldados profesionales porque no encuentran otro trabajo) critican a Obama por no haber intervenido en Siria como si esto de mantener los equilibrios internacionales fuera tan fácil.

La situación es realmente preocupante, si bien es cierto que los autores materiales de la masacre son los extremistas islámicos, la potencia hegemónica, EE.UU. con la complicidad europea tiene un alto grado de responsabilidad por provocador y realizar intervenciones militares que no hacen más que empeorar la situación y consigue que bastantes musulmanes, aunque no apoyen a los extremistas, sientan cierto regocijo en su fuero interno cuando realizan alguna barbaridad. De tal manera que una intervención militar quirúrgica ante el Estado Islámico y buscar aliados hasta en el infierno podría ser la solución menos mala a nivel militar. Como se intervenga en plan americanada como gusta realizar al Imperio me temo que las tensiones con el Islam empeorarán cada vez más.

Un intento de solucionar el conflicto entre Occidente y el mundo musulmán a largo plazo podría ser establecer puentes de diálogo, intentar solucionar de una vez por todas el conflicto judeo-palestino (que sólo lo puede hacer EE.UU. si quisiera, no nos engañemos) y procurar apaciguar las aguas comprendiendo que no se cambia la mentalidad ni las costumbres de una civilización con tanto poso ni en dos días ni a tiros, sino poco a poco, con mano izquierda y con mucha paciencia.

“Se puede aplastar una nación religiosa, pero no dividirla.”
Napoleón Bonaparte.

Fermín.

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